Cuento-Sueño
Me levante y gire a mirar al reloj en la mesita de mis papas que dormían frente a mi. Eran las 02:48. Mientras la cortina blanca volaba por la brisa de madrugada que entraba por la ventana entreabierta, decidí ir al baño. Baje con cautela de mi cama, acomode mi sabana de princesas y traspase la puerta con suma facilidad. El pasillo del baño estaba iluminado por la luz del patio, dándole un tono azul verdoso muy tenue, que brillaba por las baldosas frías de casa. En el baño pase por al lado del espejo y no alcance a verme, pero no intente hacer puntitas y hacer muecas como de costumbre para que no se levanten.
Salí y en sumo silencio decidí escaparme a ver cómo era la madrugada de verano. Pase por la puerta blanca de la cocina y camine hasta llegar al portón de casa, como vivimos en el fondo de la casa de la tía Irma era un tramo un poco largo para mi piernas chiquitas. No sabía mucho de direcciones entonces fui a donde conocía, el jardín. Hice el mismo recorrido de todas las mañanas que hago junto a mamá. Llegué y no había mucho para ver más que los salones vacíos y oscuros con todas las cosas guardadas como las dejamos ayer, pasé los pasillos y me aburrí, y el único otro lugar que conocía era la casa de mi abuelo.
Camine esas dos cuadras mientras ví las copas de los árboles y como las luces anaranjadas de la calle traspasaron las hojas. También mire como dos gatitos se peleaban en un techo y saltaron entre algunos balcones.
Cuando llegué a la esquina donde se encontraba el portón verde brillante y las flores violetas en la vereda, sabía que estaba en la casa de él. Pase sin hacer sonar el timbre y toque la puerta de madera. Al principio nadie atendió, debe ser porque toque muy despacito, intente nuevamente, y se escuchó como mi abuelo se levantó. Se iluminó la ventanita que estaba en la puerta y preguntó quién era, le contesté pero él volvió a preguntar. Entreabrió la puerta, asomé mi cabeza y no me vio, la cerró despacio y murmuró un insulto en alemán. La luz se apagó y la ventanita volvió a ponerse marrón oscuro, que raro que no me vio con mi pijamita rosa, pero bueno yo ya estaba cansada de mi travesía nocturna.
Camine de vuelta hasta casa, despacito pase la puerta y sin hacer ningún ruido, volví a mi cama. Pero estaba una nena con un pijamita rosa igual que el mío ya acostada en mi cama abrazando a mi osito.
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