Crónica 24 de marzo
24 de marzo de 2026 se cumplen 50 años de la época más oscura y sangrienta de la república, me puse en búsqueda de testimonios y conocer perspectivas de cómo esos años tergiversaron la vida de conocidos. Si bien siempre fui una interesada por la historia del país y pensé que esta fecha no llegaba a tocar de cerca a mi familia, en esta investigación me enteré que no fue así.
Le pedí charlar a mi tía Ani, hermana de mi abuela materna Betty, acerca de cómo ella vivió en ese momento ya que mi familia no tenía conocimiento que me sirviera de testimonio. Ella me contó sobre la toma por parte de los obreros de la fábrica Panam donde ella y mi abuela trabajaban en el sector de costura, todo ocurrió porque habían echado a tres grandes partícipes del sindicato y pedían su reincorporación. Ellas pudieron escapar, pidiendo certificado médico trucho y justo en ese momento cerraron por completo la fábrica. Con los dueños, obreros y los subversivos dentro. Luego me aclaró que sabía que muchos de aquellos compañeros habían desaparecido. En los días posteriores no pudieron ingresar de nuevo a la fábrica, ya que tenía un cordón militar y todos los que quedaron dentro, estos no tenían acceso a comida ni a salir de ninguna forma.
Por no participar en esa toma, cerca de la ruta 202, donde tomaban el 228 para ir a la fábrica estaba escrito con pintura negra Bonpadre y Padilla, fuego a las carneras. Justo cuando ella me describía eso, la luz de su comedor corto y volvió, helándome la sangre por completo. Porque luego en ese viaje en colectivo subieron oficiales a pedir identificaciones e intentaron bajarlas a toda costa. No eran militantes, ni afiliadas a ninguna agrupación, incluso a mi abuela los propios montoneros les quemaron libros y una foto de Peron.
Lo que sí me dijo repetidas veces fue acerca del mundial ‘78, “mientras todos festejaban que ganamos, sobre Avenida Libertador a pocos metros, en la ESMA estaban matando gente”.
Junto con otro testimonio, ambos contaron acerca de lo mismo, les pedían contribuir por los chicos de Malvinas, tejiendo bufandas, escribiendo cartas o enviando chocolates, nada de eso llegó. Lo que si las propagandas sobre la victoria de la guerra y Los argentinos somos derechos y humanos tuvieron gran alcance en la mayoría de sectores.
Donde note una diferencia en los testimonios que recolecte fueron en dos puntos; la ansiada llegada de los militares, algunos esperaban esa organización ya que la situación era incontrolable, y otros no estaban enterados de la situación guerrillera ya que los medios que disponían lo contaron tiempo después. El otro punto es el número de desaparecidos, mientras que una parte dice una cifra mucho menor, otros ratifican la cifra de 30.000.
En la búsqueda de testimonios, información y sobre todo en prestar atención a cómo hoy distintas partes del país hacen el trabajo o no de la memoria, puedo notar una crítica al pueblo que se vio violentado por las fuerzas armadas aquel 24 de marzo, utilizando el término “guerra con excesos”, pidiendo que “vuelvan los milicos”, excusando su accionar sobre la desaparición, secuestro y tortura de civiles con “algo habrán hecho” o “sus hijos no eran santos”. No solo lo observo en el anonimato de las redes sociales, sino que políticos con altos cargos quieren reescribir la historia tratando de tapar todo lo sucedido.
Pero sobre todas las cosas, veo cuestionada la cifra de personas desaparecidas, como si de algo cuantitativo se tratara y no de la utilización del poder de manera desmedida. La cifra 30.000 genera un debate tan cuestionado como si fuera sustancial para poder o no repudiar las acciones del golpe, corriendo el foco a una cifra y no a la impunidad con la que se hablaba de esas personas “ni muerto, ni vivo, está desaparecido”.
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