Bienvenida al mundo
Diario de escritora 3/6
Era muy chica cuando estaba almorzando ya preparada para ir al colegio con la pollera azul de patrón escoses, dos trenzas y mi mochila de Hello Kitty, cuando en la tele mostraban el caso de Ángeles, esas imágenes demostrativas me quedaron grabadas en mi mente sin entender qué significaban.
Unos años después me regalaron mis primeros corpiños de tela con estampas de mariposas. No los usaba, me molestaba la idea de tener que ponerme un triangulito de tela para después ponerme una remera, además no tenía el hábito de usarlos entonces quedaban ahí, guardados en mi cajón de bombachas. Un día fui a la casa de mis primos y mi prima más grande me cuestiono porque no usaba los corpiños que me regalaba para mi cumpleaños, 'no me gusta usarlos, me incomoda' le conteste, su respuesta fue 'vos no serás una de esas feministas aborteras, ¿no?'. Me sorprendió la conclusión que sacaba porque una nena de 11, la cual no tenía busto que sostener aún, era una 'abortera' por no usar corpiño. Usarlos no se me hizo rutina hasta los 15 y si veo la oportunidad de evitarlo no la desperdicio en lo absoluto. Es algo tan tonto, una prenda de ropa interior, pero me fue tan señalado como si estuviera cometiendo un crimen.
Tenía 11 cuando mi mamá me pidió que vaya a comprar a la esquina. Mi ropa era de entre casa. Era recién el mediodía de algún día de la semana. Un hombre en bicicleta me dice algo mientras clava fija la mirada. El estómago se me cerró, cuando llegué a casa me encerré en mi pieza, no pude comer del malestar que me generó, incluso mi mamá me retó por no comer, a lo que le grite 'un hijo de puta me dijo algo en la calle y ahora no puedo ni comer'. Cuando se lo conté a mi tía su contestación me dejó fría "bienvenida al mundo", una advertencia de que esto será moneda corriente de ahora en adelante. Yo tenía algo de idea sobre estas situaciones por lo que escuchaba, pero siempre me prepare mentalmente que me iba a pasar de más grande.
Quería ser periodista antes de terminar la primaria, veía mucho noticiero no sé qué tan bueno es eso para una nena de 12 pero ahí estaba viendo la tele mientras contaban como chicas como yo no estaban más en la casa y luego aparecían en lugares espantosos. Odiaba el hecho de la manera en la que utilizaban la vida de la víctima como herramienta para generar un relato donde ella fue a buscar su destino, por como vestía, porque estaba sola, porque bailaba o por cualquier excusa que haga su muerte algo buscado y al femicida nada, ni el nombre ni la cara.
Una vez viaje con mi papa en el tren a la madrugada para ir a trabajar, estaba repleta de abrigo e incluso barbijo. Por el reflejo de la ventana veía como un hombre por encima de la ropa se tocaba mientras me miraba fijo. No dije nada, no sabía dónde meterme y no quería molestar a mi papá que estaba durmiendo, quedé dura pensando en los miles de escenarios y como escapar de ellos. Por suerte nada pasó. Una vez ya en Retiro unos hombres me empezaron a preguntar a dónde iba y yo como mi vida dependía de ello, me aferre al brazo de mi papá, hasta hincar las uñas.
Tenía 15 cuando salí a comprar al chino y un hombre desde la vereda de enfrente me dijo 'disculpa sos la chica más linda que vi en mi vida, te lo tengo que decir' al lado estaba un chico de mi edad que lo acompañaba, no dijo nada solo se escondió atrás de el y se le dibujó una sonrisa. Días después, vi cómo me seguían desde hace unas cuadras, acelerando la velocidad y ellos también, agarre tan fuerte las llaves de mi casa como si fuera mi única salvación en ese momento. Por cosas así, fueron varias las veces que caminé cuadras paralelas o demás para que me pierdan el rastro.
Ese mismo año, mi preceptora hablo de acoso, pero remato todo el discurso de acoso callejero con una frase poco esperada por todas 'hay veces que me gritan rubia y yo estoy triste, y les sonrió', no podía creer que la charla en búsqueda de concientizar, terminara así. Una compañera, mientras teníamos un debate sobre una sección del Martin Fierro y derivó al acoso, ella dijo que las propias mujeres buscan eso provocando a los hombres, sentí como la sangre enrojeció mis cachetes, le grite preguntando si yo con 13 busque que un hombre se tocará enfrente mío cuando lo único que podia con suerte ver eran mis ojos o con 11 yendo a comprar un paquete de arroz al kiosco. No supo qué contestar, la furia se apoderó de mí en esos dos minutos y la profe cerró el tema para que no se perpetuara más.
18 cuando un familiar demasiado cercano se me acerco, puso su mano en mí cola y me olia, me trate de zafar, me decía 'ese culo es mío'. Nunca lo conté de la vergüenza que me dio y el asco que recorre mí cuerpo cada vez que me acuerdo. Semanas después en el trabajo el portero del edificio me pidió que lo esperara cuando el salía para saber Dios que cosa, me escape como pude a la oficina y lo único que pensaba era esas imágenes demostrativas que alguna vez de nena vi en la tele.
Sigo pasando rápido cuando bajó del tren y pasó el furgón, sigo desviandome las calles y camino como un gato en alerta para tratar de no aparecer en la tele y no estar en mi casa.
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