Microcuentos
Costó, pero lo logramos, las dos sanas. Me la entregaron en brazos, una hermosa beba regordeta, que desde el principio ya tenía una sonrisa tranquila. Me llamaron la atención las dos cicatrices que tenía en la frente, pero supuse que era por el parto. Empezó a llorar y la intente prender a mi pecho. Tuve varios intentos donde no había caso, no quería fastidiarla mucho más y nadie me podía ayudar. Después de un ratito ella ya estaba tranquila durmiendo en mi pecho. Nunca me imaginé siendo madre, pero esa bebita era mi todo a partir de ahí. Éramos nosotras dos contra el mundo.
Me levante desorientada. Todo era frío. Escuche su llanto mezclado con el de mi alrededor. Todos diciéndome que pensaron que me habían perdido a mí también. La tibieza de mi pecho desapareció helándome el corazón por completo. -¿Qué hicieron con ella? ¿dónde está? - pregunté. Nadie me daba respuestas en esa cabaña. Ailen con manos temblorosas y teñidas de rojo carmesí me intento calmar sin poder formular una palabra. Eran mis gritos que buscaban en miradas de lástima y terror.
Leti se acercó sin mirarme a la cara y me entregó envuelto en mantas una piedra de hielo. ¿Dónde estaba ese calor que yo sentí? La apoye en mi pecho intentando calmar su llanto. Grité con tanta fuerza como si volviera a parir la muerte misma - ¡¿Por qué no lo escuchan?! ¡Está llorando! - Todos se alejaban y se iban afuera de la cabaña a pesar del invierno profundo que había en ese bosque.
- ¡¿Por qué no lo escuchan llorar?!- ese grito fue lo que me terminó de desgarrar.
Volver a comenzar. Sola en esta nueva ciudad. Perdida, la gente me lleva por delante y yo siento un vacío que no sé cómo saciar. Ya entrada la tarde noche paso por el puente sobre el rio, veo de lejos una mujercita, o eso creo, que miraba hacia abajo. Mientras camino más por el puente, ella sigue ahi de espaldas, cuando me encuentro a cinco pasos de ella, gira y me clava una mirada penetrante, era una chica de nomas de dieciocho, que en su mirada buscaba un reconocimiento de mi parte. No asimilo lo que su cara desconcertada me quería decir, bajé la mirada hasta su cuello donde vi ese collar. Eso que ella intentaba parecer obvio era ese espejo que ella representaba. Era yo de joven, esa que no aprecie, que perdí. Intente acercarme para poder abrazarla, pero se esfumo mientras un auto pasaba. Otra vez mi vacío se hacía más hondo y las lágrimas brotaban de mis ojos.
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